lunes, 5 de abril de 2010

Un homenaje a un Genio Musical...



Era el beatle más sosegado, el más silencioso de los cuatro, el menos tentado por las luces del show, los coqueteos con la prensa y las estridencias que producía cada aparición pública de la agrupación, no importa si se trataba de una actuación en vivo, un encuentro con los periodistas o una salida por el centro comercial de Londres. Todo era revuelo, frenesí, desmesura. En medio de esa revolución pop, del asedio de los fans y del zumbido de los hombres de negocios, del vértigo de los conciertos y las giras, George Harrison se mantenía en pie sin hacer alharaca, apenas acompañando con su cara de niño bueno y mirada mansa los estragos que sus compañeros de andanzas (muchas veces superados por la situación; muchas más, profesionales de la provocación) hacían a cada paso.

Esa discreción lo ayudó a resguardarse sagazmente en los segundos planos de la escena musical, un poco ajeno a los celos y los pequeños enfrentamientos que poco a poco fueron introduciéndose en esa batalla de egos que fue la relación entre John Lennon y Paul McCartney. Sin embargo, dejó su marca en toda la obra de los Beatles. Y, es sabido, fue él quien abrió las puertas de la meditación cuando decidió aproximarse al maharishi y a la filosofía hindú, después de haberse abandonado a la psicodelia y al consumo de anfetaminas no como un gesto puramente hedonista, según precisó luego, sino en la búsqueda de la ampliación de la conciencia.

No extraña que "All things must pass", el álbum que editó como solista después de consagrarse un tiempo a la investigación en los estudios de grabación, reuniera parte del abundante material compuesto por Harrison cuando aún era miembro de la banda y sus invenciones debían esperar su turno, demoradas por la fecunda imaginación de Lennon y McCartney. Las dos placas que precedieron a ese álbum fueron registradas en Zapple, un apartado del tradicional estudio de los Beatles donde años más tarde trabajarían John y Yoko. La primera de ellas era la banda sonora de "Wonderwall", película que reproducía la atmósfera hippie, una partitura de sonoridad amable en la que Harrison volcó sus investigaciones y aprendizajes de la música hindú mientras escribía en Bombay. La segunda es "Electronic aound", una serie de ensayos musicales con abundantes sintetizadores.

Ninguno de esos álbumes despertó, desde luego, el menor interés comercial, como sí lo haría "All things must pass" con su elenco multiestelar: Bob Dylan, Eric Clapton, Ringo Starr, Billy Preston y un jovencísimo Phil Collins, quien no aparecía en los créditos. Esa placa lo convirtió en el primer beatle en obtener un triunfo resonante con "My sweet lord", que trepó al primer puesto de los charts.


* * *

Le pregunto a Claudio Kleiman, guitarrista y uno de los críticos más agudos de música popular con que cuenta nuestro país, cuál fue la contribución esencial de Harrison a los Beatles. Dice que son básicamente dos: la primera se manifiesta desde el comienzo de la agrupación y es su desempeño como primera guitarra; luego, su creciente aporte autoral, que alcanza su culminación en "Abbey Road". Kleiman lo resume de este modo: "Sus composiciones fueron aumentando en calidad y número hasta llegar a ese álbum, donde Harrison es responsable de "Here comes the sun" y "Something", dos canciones que pasan a integrar el catálogo beatle".

En cuanto a su contribución como primera guitarra, Kleiman advierte que es muchas veces imperceptible. "Pero durante los primeros tiempos, cuando el grupo mantiene una formación tradicional de cuarteto que después se enriquecería en los estudios de grabación, es Harrison el responsable de toda la ornamentación musical. Es también él quien introduce en la música rock el solo preparado con anticipación, que quiebra la tradición de la improvisación. Y es también quien introduce en el género la guitarra slide, un elemento que extrae del blues, a veces utilizándola como instrumento melódico. En cierto modo, la guitarra slide le permite hacer otro de sus aportes decisivos: con ella Harrison procesa sus conocimientos de la música hindú, que recogió como discípulo de Ravi Shankar."

Quiero saber si la carrera solista de Harrison tuvo momentos de esplendor. Kleiman quiere ser generoso con alguien que acaba de abandonarnos y cuya partida sentimos que es la de un buen amigo, pero su respuesta es puro rigor: "Son tres esos momentos. El primero fue "All things must pass", su gran disco solista de 1970. Diecisiete años después llegó "Cloud nine", producido por Jeff Lyne, guitarrista de la Electric Light Orchestra. Y poco después Harrison se integró a los dos álbumes grabados por los Travelling Wilburys". En esa agrupación fantasmal, puesta en marcha con mucho espíritu de juego, Harrison se asoció con Jeff Lyne, Bob Dylan, Tom Petty y Roy Orbison.

Queda, desde luego, el hombre entregado a la meditación después de haber fatigado la experimentación química. Escribe esto en plena madurez: "Sólo tenía 23 años cuando hicimos "Sgt. Pepper" y ya había viajado a la India y probado el LSD, e iba camino hacia el trascendentalismo. Tras un período de aprendizaje tan intenso y tanto éxito con los Beatles y de darme cuenta de que aquello no era la respuesta, me pregunté: "¿Qué es todo esto?". Y entonces, sencillamente, comprendí la idea de Dios".

Palabras del Santo Padre para Pascua.



VATICANO, 04 Abr. 10 (ACI).- Al medio día de hoy, desde la logia central de la Basílica vaticana, el Papa Benedicto XVI se dirigió a los reunidos en la Plaza de San Pedro con su mensaje Urbi et Orbi: «Cantemus Domino: gloriose enim magnificatus est». «Cantaré al Señor, sublime es su victoria» (Liturgia de las Horas, Pacua, Oficio de Lecturas, Ant. 1). Queridos hermanos y hermanas: Os anuncio la Pascua con estas palabras de la Liturgia, que evocan el antiquísimo himno de alabanza de los israelitas después del paso del Mar Rojo. El libro del Éxodo (cf. 15, 19-21) narra cómo, al atravesar el mar a pie enjuto y ver a los egipcios ahogados por las aguas, Miriam, la hermana de Moisés y de Aarón, y las demás mujeres danzaron entonando este canto de júbilo: «Cantaré al Señor, sublime es su victoria, / caballos y carros ha arrojado en el mar». Los cristianos repiten en todo el mundo este canto en la Vigilia pascual, y explican su significado en una oración especial de la misma; es una oración que ahora, bajo la plena luz de la resurrección, hacemos nuestra con alegría: «También ahora, Señor, vemos brillar tus antiguas maravillas, y lo mismo que en otro tiempo manifestabas tu poder al librar a un solo pueblo de la persecución del faraón, hoy aseguras la salvación de todas las naciones, haciéndolas renacer por las aguas del bautismo. Te pedimos que los hombres del mundo entero lleguen a ser hijos de Abrahán y miembros del nuevo Israel». El Evangelio nos ha revelado el cumplimiento de las figuras antiguas: Jesucristo, con su muerte y resurrección, ha liberado al hombre de aquella esclavitud radical que es el pecado, abriéndole el camino hacia la verdadera Tierra prometida, el Reino de Dios, Reino universal de justicia, de amor y de paz. Este "éxodo" se cumple ante todo dentro del hombre mismo, y consiste en un nuevo nacimiento en el Espíritu Santo, fruto del Bautismo que Cristo nos ha dado precisamente en el misterio pascual. El hombre viejo deja el puesto al hombre nuevo; la vida anterior queda atrás, se puede caminar en una vida nueva (cf. Rm 6,4). Pero, el "éxodo" espiritual es fuente de una liberación integral, capaz de renovar cualquier dimensión humana, personal y social. Sí, hermanos, la Pascua es la verdadera salvación de la humanidad. Si Cristo, el Cordero de Dios, no hubiera derramado su Sangre por nosotros, no tendríamos ninguna esperanza, la muerte sería inevitablemente nuestro destino y el del mundo entero. Pero la Pascua ha invertido la tendencia: la resurrección de Cristo es una nueva creación, como un injerto capaz de regenerar toda la planta. Es un acontecimiento que ha modificado profundamente la orientación de la historia, inclinándola de una vez por todas en la dirección del bien, de la vida y del perdón. ¡Somos libres, estamos salvados! Por eso, desde lo profundo del corazón exultamos: «Cantemos al Señor, sublime es su victoria». El pueblo cristiano, nacido de las aguas del Bautismo, está llamado a dar testimonio en todo el mundo de esta salvación, a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria, en su bondad y verdad. A lo largo de dos mil años, los cristianos, especialmente los santos, han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua. La Iglesia es el pueblo del éxodo, porque constantemente vive el misterio pascual difundiendo su fuerza renovadora siempre y en todas partes. También hoy la humanidad necesita un "éxodo", que consista no sólo en retoques superficiales, sino en una conversión espiritual y moral. Necesita la salvación del Evangelio para salir de una crisis profunda y que, por consiguiente, pide cambios profundos, comenzando por las conciencias. Le pido al Señor Jesús que en Medio Oriente, y en particular en la Tierra santificada con su muerte y resurrección, los Pueblos lleven a cabo un "éxodo" verdadero y definitivo de la guerra y la violencia a la paz y la concordia. Que el Resucitado se dirija a las comunidades cristianas que sufren y son probadas, especialmente en Iraq, dirigiéndoles las palabras de consuelo y de ánimo con que saludó a los Apóstoles en el Cenáculo: "Paz a vosotros" (Jn 20,21). Que la Pascua de Cristo represente, para aquellos Países Latinoamericanos y del Caribe que sufren un peligroso recrudecimiento de los crímenes relacionados con el narcotráfico, la victoria de la convivencia pacífica y del respeto del bien común. Que la querida población de Haití, devastada por la terrible tragedia del terremoto, lleve a cabo su "éxodo" del luto y la desesperación a una nueva esperanza, con la ayuda de la solidaridad internacional. Que los amados ciudadanos chilenos, asolados por otra grave catástrofe, afronten con tenacidad, y sostenidos por la fe, los trabajos de reconstrucción. Que se ponga fin, con la fuerza de Jesús resucitado, a los conflictos que siguen provocando en África destrucción y sufrimiento, y se alcance la paz y la reconciliación imprescindibles para el desarrollo. De modo particular, confío al Señor el futuro de la República Democrática del Congo, de Guínea y de Nigeria. Que el Resucitado sostenga a los cristianos que, como en Pakistán, sufren persecución e incluso la muerte por su fe. Que Él conceda la fuerza para emprender caminos de diálogo y de convivencia serena a los Países afligidos por el terrorismo y las discriminaciones sociales o religiosas. Que la Pascua de Cristo traiga luz y fortaleza a los responsables de todas las Naciones, para que la actividad económica y financiera se rija finalmente por criterios de verdad, de justicia y de ayuda fraterna. Que la potencia salvadora de la resurrección de Cristo colme a toda la humanidad, para que superando las múltiples y trágicas expresiones de una "cultura de la muerte" que se va difundiendo, pueda construir un futuro de amor y de verdad, en el que toda vida humana sea respetada y acogida. Queridos hermanos y hermanas. La Pascua no consiste en magia alguna. De la misma manera que el pueblo hebreo se encontró con el desierto, más allá del Mar Rojo, así también la Iglesia, después de la Resurrección, se encuentra con los gozos y esperanzas, los dolores y angustias de la historia. Y, sin embargo, esta historia ha cambiado, ha sido marcada por una alianza nueva y eterna, está realmente abierta al futuro. Por eso, salvados en esperanza, proseguimos nuestra peregrinación llevando en el corazón el canto antiguo y siempre nuevo: "Cantaré al Señor, sublime es su victoria».